martes 24 de noviembre de 2009

Cuanto más conozco a la gente más quiero a mi tele


Mi experimento sociológico-televisivo de la semana pasada me ha tocado el punto ambiguo como hace tiempo no me pasaba: estoy enganchada a Crímenes Imperfectos . Tanto decir que no iba a encender la tele nunca más y ahora hasta falto a algunas clases solo por ver el programa mañanero.

Ahora, cuando me despierto, la tele de mi cuarto parece mirarme y decirme "encieeendemeee, encieeendemeee". Cuando voy a la cocina a desayunar hay otra tele que también me dice "veengaaa, sólo mientras te comes lo cereaaaleess..." Y claro, después de tanta insistencia, en el salón -donde se ubica La Tele- me quedan nulas resistencias a las catódicas influencias que desprenden sus 40 pulgadas de plasma. Es lo que tiene la sociedad del bienestar, que teniendo teles en cada habitación no podemos huir de ellas.

En estas mañanas de crímenes me he terminado de dar cuenta de lo malos que somos los homínidos, egoístas a más no poder, capaces de matar por un poco de dinero, de poder o de rabia. Hijos que matan a sus padres para quedarse con la herencia antes de tiempo, personas que matan a su cónyuge para cobrar el seguro de vida, o para irse con tranquilidad con su amante. Chalados que no soportan la humillación de ser rechazados, o simplemente individuos que quieren experimentar lo que se siente al matar. Si a pequeña escala, en nuestra pareja, familia, edificio, barrio o pueblo, no somos capaces de tener la suficiente empatía y vivir en armonía y justicia, ¿qué se puede esperar entonces a nivel mundial de los políticos, empresarios, organizaciones y relaciones internacionales, etc.? Así va el mundo...

Amén de que la mayoría de los conflictivos puedan tener algún tipo de trastorno psicológico, desde luego esas facetas forman parte de la naturaleza humana, y lo peor es que cada vez están más camufladas bajo pretendidos comportamientos pragmáticos. Yo, mientras, sigo deprimiéndome por ver lo complicado que es esto de convivir en sociedad. Cada vez estoy mas acojonada de la de gente que hay suelta, y me gusta más quedarme en casa calentita, a salvo, viendo la tele. Además, es que siempre acabo decepcionada de mis semejantes y del mundo por las más nimias tonterías.

Esta tarde mismamente he tenido una discusión con mi amiga que ha sido reveladora. Me decía que soy rara, y el argumento es que me llevo bien con todos mis ex. Ella es una buena persona, inteligente, con estudios, con empatía... pero dice que si cortara algún día con su pareja no querría saber nada más de ella. Desde luego no permitiría que su pareja mantuviera una relación de amistad con sus exs, y prevé que tendré problemas con mi nuevo chico -celosillo que me ha salido- porque hasta ahora he tenido demasiada suerte.

Yo, como digo, soy muy amiga de todos mis ex, y no pienso cambiar eso porque además estoy orgullosísima. De hecho es que no concibo que sea de otra manera. ¿Cómo se puede dejar de querer a alguien sólo porque ha acabado la relación de pareja? En mi caso siempre ha quedado el cariño, el respeto, la confianza, y eso a lo que tanto miedo tenemos que se llama amor, y que no es más que relacionarnos de forma sana y cómplice con nuestros semejantes.

Pero no, se supone que soy rara. Quizá lo normal sea dejar de hablar a tu pareja porque se fue con otra más guapa, poner denuncias falsas de malos tratos para quedarte con la casa, sacar dinero al cónyuge hasta dejarlo en la calle, poner a los niños en contra, meter cizaña con la familia, o simplemente dejar de interesarte por esa persona porque ya no te ofrece ni sexo, ni cenas, ni exclusividad.

No entiendo nada, de verdad que no entiendo nada. Me voy a ver la tele.

martes 17 de noviembre de 2009

La caja ¿tonta?




Hace muchísimo tiempo que -excepto los dibujitos- no veo la tele. Normalmente prefiero ahogar mi vacío existencial en los libros, el youtube, o escribiendo tonterías como ésta. Además, es que cada vez que la enciendo me cabreo sobremanera.

Antes intentaba ver el telediario por lo menos, pero desde que lo copa el fútbol, las promociones y las informaciones globalizadas o insufladas desde nuestros queridos políticos de pacotilla, prefiero poner los Simpsons que son mucho más críticos.

Lo que más me molesta es el escandalo que forman los programas de cotilleo -que mi señora madre tiene puestos desde que se levanta hasta que se acuesta- . ¿Por qué se empeñan en gritar y discutir como si les fuera la vida en ello?. Menuda forma de inculcarnos el mal rollo y la falta de escrúpulos, respeto y compañerismo. Y lo peor es que, con la de temas importantes que habría que tratar y debatir en los Medios, lo único que sabemos es a cuantas se lleva folladas el hijo de la Pantoja o quién ha sido expulsado del Gran Hermano XXIII. Qué miedo, parece que la tele lanza ondas subliminales para dejarnos atontados. Y claro, como atontando se está tan bien...

Esta mañana, entre el nublado y la modorra, me sentía como cuando de chica fingía estar enferma para quedarme en casa viendo Vacaciones en el mar. Mando en mano, y debajo de mi super edredón de plumas, he rememorado los viejos tiempos de amistad con la pantalla.

He estado viendo ensimismada un programa sobre crímenes resueltos; esos en los que recrean los asesinatos, salen entrevistas a los familiares, condenan a un culpable y al final resulta que era otro. Qué chulo estaba...

En los intermedios me he enterado de que la baba de caracol se ha pasado ya de moda, y que ahora venden una crema con veneno de culebra para dejarte el cutis como el culito de un bebé.
Por cierto, han sacado unas toallitas para éstos últimos con muuucha mas celulosa que hacen a tu niño ser el mas guay de la escalera.

En un programa mañanero una compungida presentadora, tras el relato de una madre angustiada por la alarmante desaparición de su hijo en aguas malagueñas, sonreía eúforica para mejor hablar de cómo hay que vestir para ser pijo. Ana Rosa metía en el mismo espacio al Alakrana y al transexual de este año del Gran Hermano, y Susana Griso le ponía morritos a un médico invitado que promovía la dieta de proteínas para perder peso.

Por lo visto ya no se usa la soja sólo para cagar mejor o la menopausia, ahora la incluyen también en la leche, los cereales, los snacks y los bollos de crema, que para eso está la fibra tan de moda. Hay un programa donde unas cuantas gachís se pelean por un macarra delante de toda España, y siguen organizándose caravanas de mujeres para granjeros con ganas de hembras gratis, que la crisis ya no da ni pal puticlub. Y si se acaban casando, el mejor regalo sería un reloj de diamantes que se puede pagar a cómodos plazos durante 10 o 15 años.

Ahora me pregunto, si yo -que soy una víctima más de la generación del desencanto, el contrato basura y un pésimo sistema educativo- en sólo dos horas de tele me he podido percatar de lo mal que está el mundo...¿de verdad la gente la ve tan tranquila todos los días sin darse cuenta de nada?

Qué asco de sociedad, me averguenzo de formar parte de un sistema en el que sólo importa estar flaco, terso, moderno, entretenido y bien cagado. Una sociedad donde los ciudadanos, con tal de satisfacer necesidades ilusorias promovidas por los Medios, no les importa que se hagan barbaridades. Una sociedad de tontos, donde sólo nos informan de los hechos desagradables cuando hay morbo de por medio y/o levante el suficiente setimiento de culpa en los ciudadanos para que las ONGs sigan chupando del bote.

Por culpa de las plantaciones de soja y la celulosa de las toallitas se destruyen miles de hectáreas de selva y se dejan sin tierra a cientos de familias indígenas. Nuestra ropita nueva y los regalitos del todo a cien los hacen millones de esclavos o semi-esclavos en países como India o China. Se matan a miles de animales para que luego puedas tener en casa un chulo bichejo exótico, o puedas untarte una de esas cremas absurdamente milagrosas. El exceso de proteínas es malo, la dieta ideal es la equilibrada, y no es precisamente bueno tomar alimentos manipulados para estar sano.

Tener a tías sumisas y apocadas luchando por un macarra no es la manera de combatir contra la violencia machista, y un diamante -además de ser para siempre- lleva detrás miles de muertos, esclavos y mafias para extraerlos y comerciar con ellos.

La ley de la oferta y la demanda es la causante de casi todos los problemas del mundo. Y no nos engañemos, nosotros somos los demandantes. Nosotros somos los que reclamamos el morbo, los que reclamamos y consumimos los servicios que nos ofrecen.

Yo, desde luego, no pienso encender la tele a no ser que echen Doraemon, Los Simpsons, Aída o El Diario de Patricia. Y cuando quiera estar atontada pues seguiré plantando la María que necesite, que tampoco vale comprar drogas, ¿eh?

miércoles 11 de noviembre de 2009

El roto de mi descosido




Siempre he tenido un poco-bastante mala suerte en el amor. Y no porque no haya encontrado pareja precisamente, sino porque todas mis relaciones han acabado por falta de eso mismo, de amor.

Como en cualquier relación social creo que el problema era el de siempre, la incompatibilidad de caracteres. Al principio es todo tan bonito...y tan nuevo. Nuevas ilusiones, nuevos besos, nuevas caricias, nuevo cosquilleo en la barriga...; vamos, nuevos polvos. Es lo que tiene la química, que nos engaña y manipula, ¿de qué iban a comprar las adolescentes los discos de Fran Perea sino por culpa de las hormonas?

Mi primera relación se rompió porque le gustaban demasiado los principios, y después de 4 años... como que pegaba más un final. La segunda se rompió porque le gustaban demasiado los sábados de copas; y los viernes, y los jueves, y los domingos... La tercera fue por culpa de la play; y mira que intenté aprender a jugar al proEvolution para que tuviéramos algo más en común que la palabra cari, pero no hubo manera. Desde entonces siento una especie de resignación a quedarme sola para siempre, o a ingresar de verdad como Benedictina.

Sinceramente me parecía imposible conocer a alguien con quien entenderme como espero. Peeero me he vuelto a emparejar. Llevo un tiempo saliendo con un chico, pero me da miedo pensarlo, escribirlo, decirlo o que se me note demasiado, por si la cago de nuevo. Tenía una amiga que estaba deprimida porque nunca tenía con quien ir a las bodas; siempre le preguntaban que cuando se echaría novio. Yo, en cambio, temo que me inviten a una por si me dicen eso de ¿éste tampoco?

Pero esta vez parece diferente. Creo que he encontrado a mi media naranja. Siempre he pensado que el amor es cosa de ir probando gajos, y gajos, hasta que se acabe la naranja entera. Que es una putada para el planeta seguir trayendo nuevas personas al mundo. Que para no contribuir con esta barbarie contra la dignidad y la libertad jamás hay que tener nada que ver con bancos, euribors e hipotecas. También estaba convencida de que no existiría sobre la tierra alguien del sexo opuesto, guapo, inteligente, sensible, con sentido del humor, que no le gustara el fútbol ni la play, ni salir de copas, que fuera parecido a mí, que le gustaran también los enmedios, que fuera dulce, cariñoso, divertido, y que encima yo le gustase con tooodos mis defectos.

Estoy preocupadísima. Desde que conocí a esa persona ideal no hago más que pensar en hipotecas, bebés, vecinas y pucheros. He ido a comprarme ropa ya tres veces. Hasta me entra cosilla cuando veo las fotos de boda en las tiendas de fotografía, con la grima que me han dado siempre... y el otro día me tragué el video de boda de su tía que duraba ¡dos horas!. Cuando veo un bebé me lo imagino con su cara, y babeo con esos zapatos tan pequeñitos. ¿Qué me pasará? ¿serán las hormonas de los 30? ¿los polvos nuevos? ¿qué coño es ese repelús que me sube por los codos y me pone cara de tonta? ¿el amor se siente en los codos? ¿Por qué me cuesta tanto ser yo la que cuelga el teléfono? Estoy enferma, no cabe duda: me he enamorao.

¿Pero cómo no iba a hacerlo? Los viernes los pasamos viendo pelis o leyendo juntos poesías. Nos abrazamos. Los sábados vamos de excursión, o a hacer fotos. Nos amamos. Por las mañanas vemos los dibujitos. Hacemos comidas ricas. Paseamos. Desbaratamos el mundo para volverlo a arreglar. Conversamos. Le interesan mis cosas, me interesan las suyas. Compartimos, aprendemos. Echamos polvos. A veces no los echamos. Sus defectos me parecen maravillas, los míos lo enamoran. Se pasa ratazos haciendome cosquillitas, y encima le parezco la chica más guapa del mundo.

A los dos nos consideran -sigo sin saber por qué- raros; a los dos nos decían que teníamos complicado encontrar alguien afín. Pero mi querido refranero popular vuelve a ganar la batalla: siempre hay un roto para un descosido.

p.d: Te quiero de aquí a Potes a la pata coja con un chino en el zapato bordeando por to el Camino de Santiago en pleno Agosto, niño
(Es que también lee mi blog... Eso sí que es amor)

Volver a nacer


Me siento tan ligera como las de los anuncios del Kellog Special K después de su plan quincenal para acercarse un poco más a la anorexia, y eso que me acabo de zampar un bocata mortadela... No es porque haya superado un caso de estreñimiento agudo, tampoco es que me haya apuntado al gimnasio, ni siquiera a un curso de meditación levitadizadora. Nada de eso. Vengo del banco, de cancelar mi cuenta.

Los cajeros -los amaestrados, no los automáticos- no se lo podían creer:

-¿Cómo te vas a quedar sin tarjeta de crédito? Eso es que tienes una cuenta en otro sitio, ¿no? Anda mujer, y por qué no borras la otra y sigues con nosotros, que nos tienes tan cerquita...

- Que va, que va, quiero cerrarla. Porfavor, denme los 27 euros que me quedan, y la cierran.

-¿Has tenido algún problema con nosotros?

-Si me hablais como representantes de una institución financiera creo que la respuesta sería demasiado larga y maleducada. Dejemoslo en que no tengo liquidez, ni ingresos, ni perspectivas de tenerlos.

-Vaya, lo sentimos. Esperamos que las cosas vayan mejor, y que cuente con nosotros de nuevo en ese caso.

-Si, me imagino que contar con ustedes ahora sería un poco ingenuo...Pero no se preocupen, de verdad. ¡Si estoy mejor que nunca!

Las miradas de los que hacían cola detrás de mí se clavaron en mi nuca, y al volverme pude notar cómo me miraban de arriba a abajo. Casi igual que mis compañeros de la Universidad, por seguir llevando rayas y pantalones anchos ahora que se han puesto de moda los cuadros y los leguins.

Mientras contemplaba la escena de unas tijeras enormes acercándose a mi extarjeta de crédito me empecé a sentir como cuando el protagonista de Un hombre sin pasado emprendía una nueva vida como persona indocumentada. Libre y felizmente indocumentada. Casi le propongo al cajero que siguiera con la matanza de mi DNI, pero no era plan porque a la policía le tengo casi más miedo que a los bancos.

Y así salí de la entidad: con la sensación de haberle pegado una patada en el culo a las comisiones, a los euribors, al capitalismo, al liberalismo, y sobretodo al usurismo y al sinsentido timo de la economía globalizada. Parada y sin un puto duro, sí, pero triunfante. Y ligera.
Era lo único que me faltaba para volver a ser persona después de haber cancelado semanas antes la cuenta del móvil. Por fin dejaba de ser un número más en la lista de los adoctrinados ciudadanos de la sociedad del bienestar. Volvía a sentirme yo, una persona con cara, uñas, pelo, culo, sentimientos, historia vital. Yo, la vecina del cuarto, la de las perras, la hortera que lleva la misma ropa desde hace tres o cuatro años.

Desde luego, después de dejar de tener móvil y banco, me siento casi como recién nacida. Vuelvo a esconder mis ahorrillos dentro de algún libro, en este caso uno de Ernesto Sabato que viene al pelo, La Resistencia. Vuelvo a ejercer la picaresca de sisar en la compra y hacer chapuzas y curros buscavidas cobrados en negro. Vuelvo a charlar con la gente bajo la luz de una farola con un paquete de pipas, en vez de por el móvil o el messenger. Y desde luego sí que voy mas ligera, y no sólo porque me haya quitado peso del bolso, sino porque ahora ya ni tendré por qué llevarlo.

PELÍCULA "CONCURSANTE" (MUY ENTRETENIDA, ORIGINAL E ILUSTRATIVA):



lunes 5 de octubre de 2009

Enredados

Desde hace unos años vengo escuchando por donde quiera que voy eso de:

-Pero tía, ¿como no vas a tener el tuenti?-
-¡¿En serio no tenés Hi5?!-
-Es que si no tienes cuenta de facebook ¿como vamos a hablar?-
-Si no estás en una red social es como si no existieras-




-Umm, quizá por eso tenga tan poca vida social..., ¡adaptarse o morir!- Pensé. Así que el otro día por fin me agregué a una de esas redes sociales, el facebook. Y es que las formas de sociabilizar y entender la amistad han cambiado desde hace mucho. Los tiempos de Verano Azul de paseos bajo el sol, excursiones y amistades desinteresadas y entregadas entre personas de diferente índole ya pasaron, tenía que asumirlo de una vez.

Siempre me había dado reparo inscribirme en una cosa de esas, por eso de las cookies, la publicidad subliminal, los voyeurs informáticos o los chalados. Pero pensé que quizá los textos de Orwell y Huxley me habían rallado más de la cuenta, y ya estaba harta de sentirme fuera de lugar o pasada de moda. Quería probar a ser como los demás, tener ochocientos conocidos, hablar con todo el mundo, recibir comentarios, hacer quedadas, algún botellón, incluso mandar y recibir toques y sms, a ver lo que se sentía.

Cuando entré en la página no podía creerlo ¡estaban casi todas mis amigas de antes!: las que desaparecieron por echarse novio, las que desaperecieron por echarse otras amigas, las que desaparecieron porque no las acompañaba de marcha, las que desaparecieron porque no las acompañaba de compras, las que desaparecieron porque no las acompañaba a hacerse la cera...

Yo pensando que se las habría tragado la tierra, que las habría raptado algún grupo organizado de trata de blancas o de tráfico de órganos, y ahí estaban todas tan sonrientes en sus fotos de perfil del facebook. ¡Si encontré hasta a la pija de las vacaciones y a la que montó un negocio a mi costa! Estaba tan emocionada de tanto encuentro que, en vez de limitarme a cotillear a sus agregados empecé a sentirme cual jubilado melancólico de vuelta al pueblo. Así, poseída por el espíritu de fresita, me puse a escribirles mensajes a algunas de ellas, las cuales me contestaron diciendome despues de 15 o 20 años que a ver cuando quedábamos para un café o salir de marcha.

Para no parecer borde y salir del anonimato social de una buena vez decidí sugestionarme (-la rara soy yo, la rara soy yo, la rara soy yo-), me armé de valor y estrógenos y acepté sus invitaciones de amistad en la susodicha página. Entonces me di cuenta realmente de lo sola que estoy en este mundo cruel. La gente tiene de media unos 70 o 100 amigos, qué barbaridad, ¡si yo solo tengo tres!. Era casi mas humillante que lo del móvil, que lleno con los teléfonos de amigos con los que hace años que no hablo, del dentista, del ambulatorio, de la que me hace la cera, etc. por si algún día me lo roban no quedar demasiado mal.

Así que me puse a agregar yo también a todos mis ex conocidos, ex compañeros de curro, ex compañeros del instituto, ex compañeros del colegio, ex compañeros de parbulitos... Algunos me escribieron diciendo no recordar mi nombre, pero yo, excusandome en no saber utilizar la página, les dije que se me habia olvidado mandarles el privado de rigor. A pesar de la vergüenza al menos pude juntar 20 "amigos" para no quedar demasiado mal con el resto de la humanidad.

Todos tenían colgadas millones de fotos suyas ("Mi novio y yo en la feria", "la feria, yo y mi novio", "yo y mis amigas en la discoteca", "yo de marcha", "yo de marcha con mi novio"...). Y no veas que susto, pasando sin querer el ratón por encima de las fotos ¡salía el nombre de las personas que las acompañaban!. Yo lo sabía, joder, que fuerte, nos tienen a todos fichados. Si pulsabas sobre uno de ellos te enlazaba a su página, y podías ver a sus otros 100 amigos, y así enlazar a decenas, cientos, miles y millones de perfiles sonrientes. Qué miedo dan las páginas esas.

Además, ¿para que sirven esos sitios ademas de colgar fotos de marcha o poniendo caritas? Alli nadie decía nada profundo, interesante o mínimamente amistoso. Yo solo ví juegos para saber tu personalidad o para saber a qué postre o famosa te pareces, y frases escritas no sé si para fardar, fantasear, llamar la atención, o que algún alma caritativa les haga un poco de caso:

-he sacado las mejores notas de toda la clase (No molestar)-
-coordinadora del dpto de gestión pública de la Comunidad de Madrid. Esa soy yo-
-no sé qué cenar esta noche-
-menudo cebollón pillamos ayer-

En fin, después de saber que soy una tarta de manzana y que mi media naranja es Javier Bardem prefiero seguir viviendo a la sombra del anonimato. Una vez más me doy cuenta de que ya no pertenezco a estos tiempos y a estas formas de relacionarse. Y total, yo nunca salgo de marcha, y en vez de hacerme las fotos a mi misma prefiero hacerselas a los paisajes o las situaciones insólitas. Además, para llamar la atención y escribir frases para fardar, fantasear, llamar la atención, o que algún alma caritativa me haga un poco de caso... pues ya tengo este blog.

Para quitarme el mal rato y volver a ser yo misma me puse a ver algunos capítulos de Verano Azul en youtube y, como vivo cerca de donde se rodó, me llegué un rato a reflexionar sobre todo esto mirando el barco de Chanquete. Junto al barco había tres o cuatro coches con el reguetón a tope mientras las niñatas meaban el botellón bajo la borda y los niñatos se hacían fotos del tipo "el santi, el migue, la coca y yo", seguramente para luego colgarlas en una red social.

Como no inventen rápido un teletransportador al pasado a mi me va a dar algo.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Dime de lo que presumes...



Me gusta contar mis fracasos para que los demás aprendan de ellos, incluso me hace gracia confesar los defectos y ese punto antihéroe que todos tenemos, porque es lo que más nos une y humaniza. Por eso todavía no entiendo por qué les costará tanto a algunos confesar sus errores, debilidades o faltas, y pedir ayuda. Menudos gilipollas.

Nadie es perfecto, todos tenemos cosas buenas y menos buenas, y es precisamente esa imperfección lo que nos hace irresistiblemente particulares y atractivos. Pero parece que para ciertas personas relacionarse con los demás se convierte en la única oportunidad para inflar pantomímica, egocéntrica y absurdamente su flacucho ego.

Conozco gente que jamás ha pronunciado las palabras "no sé" o "¿qué significa?". Prefieren seguir el rollo aunque no entiendan lo que les dicen, cuando les preguntas por un tema que desconoces te contestan con un "si, bueno... es algo complejo...", y sobre los libros que no has leído te cuentan que tienen frases para la posteridad. En vez de aunarse a tu desconocimiento, aprovechan la situación para quedar por encima y sentirse superiores.

Otras veces prefieren joderse antes que pedir ayuda. Mi tía, por ejemplo, llevaba dos años sin ver una película en su nuevo dvd porque seguía sin recordar cómo se sintonizaba. Cuando le pregunté que por qué no había pedido ayuda de nuevo, me miró con cara de "ni de coña, una y no más, antes está mi orgullo que el cine".

Qué cosas más raras hace la gente. Si mienten descaradamente en las cosas mas insignificantes, no me quiero imaginar las películas que se montarán sobre sus vidas ante los demás. Lo malo es que estoy convencida de que, de tanto repetirlas, llegan a creerse sus propias fantasmadas.

Tengo una conocida que siempre consolaba con mala leche disfrazada de lástima a las camareras con carrera. "Hay que ver, licenciatura y master para acabar echando cañas, ¿eh?". Ella, en cambio, había hecho una ingeniería en solo dos años porque estaba chupao, y se la rifaban en los madriles para empezar cobrando 2000 euros. La parte de por qué acabó currando en la heladería de su barrio aún no la ha contado, claro.

Otra es maestra de educación infantil en un colegio, osea, se pasa el día cuidando cagones, cantando el corro de la patata y pintando con ceras de colores. En cambio ella se cree que es consejera del ministerio de interior, y que de su trabajo depende el futuro de nuestras sociedades. Si es que no hay nada como venderse bien y creerse alguien...

Hace tiempo curré en un Mcdonald varias vacaciones para pagarme la matrícula, y muchas veces iba gente que intentaba pagar sus propios complejos y frustraciones con nosotros.

-jo que rollo ¿no? tener que estar aqui mientras todos nos divertimos...-
-Qué vaaa, no te preocupes, de verdad, ¡si aquí estamos todos por vocación!-

-¡Me parece increíble que en una empresa norteamericana no se os exiga hablar inglés!-
-Le doy la razón, caballero, deberíamos ser bilingües, o polilingües mínimo; fíjese que antes hasta nos exigían hacer una especialización en comunicación oligofrénica, pero estamos ya tan acostumbrados que ni eso...-

Para eso los manifestantes jipijos guays que se ponían en la puerta a protestar y nos miraban de arriba abajo cuando entrábamos a currar:

-¡No a la explotación! ¡No al mercantilismo! ¡No a la comida basura! ¡No a la pérdida de costumbres populares! ¡No a los contratos temporales!

Y ya ves tú, esos no sabían ni lo que era un contrato, ni lo que era un gazpachuelo, ni donde tienen la cara, ni de qué estan hechos los sundays que se compraban luego pa los bajones de los porros.

Mi mejor amiga de pequeña -la pija- era un poquillo fea la pobre. La madre la apuntó a un curso de modelaje a ver si se le pegaba algo, y ella iba diciendo sin vergüenza ninguna por ahí que era modelo. -Si, ¿no?- le contestaban.

También están los que presumen de que tienen millones de amigos y son los mas guays de la ciudad, y luego te das cuenta de que están más solos que la una y lo único que tienen es una cuenta de facebook plagada de agregados que ni les saludan. O los que van por ahí alabando a todo el mundo y prodigando abrazos, besos y parentescos, solo para recibir algo de atención y sembrar el terreno para pedir favores.

¿y donde nos dejamos a los oscurillos y los masoquistas sentimentales? Se leen cuatro libros y escuchan cuatro grupos raros y se creen que han descubierto América con sus cuatro dudas existenciales. Parece que están por encima del bien y del mal, y del resto de los mortales. Les da asco los demás humanos, como si ellos fueran robots que no cagan ni se sacan mocos; y confunden la alegría y la sencillez con la falta de inteligencia o la osadía de la ignorancia.

Me imagino que mucha gente necesitará dar una imagen fuerte y ganadora que le ayude a subir su autoestima y aparentar ser algo. Otros son tan egocéntricos y están tan flipados que lo que necesitan es tener siempre una remesa nueva de amigos-admiradores nuevos a los que manipular y contar sus grandiosidades imaginadas.

Alguien me contó una anécdota. Una chica, estudiante de algún arte, no entendía por qué sus compañeros tenían tanto miedo y respeto a actuar frente al público. -¡Bah, pues yo no tengo ningun miedo!- . A lo que el profesor le contestó: -el día que tengas talento sabrás lo que es tener miedo-

Que empachera de gente tonta tengo, madre mía, más humildad es lo que hace falta. Que la vida es mas sencilla de lo que parece, y todos somos también mas iguales de lo que parecemos. Yo desde luego me quedo con mis críticas cinematográficas al estilo "no ve que chula, ehhh?", las tardes viendo el Diario de Patricia, las charlas con las vecinas, y grupos como Los mojinos escozíos.

viernes 18 de septiembre de 2009

Septiembre

Siempre me gustó este mes, el de la emoción de la vuelta al cole, y la segunda oportunidad para realizar -esta vez en serio- los buenos propósitos que nos juramos llevar a cabo en fin de año -aunque ya para lo que queda mejor esperarse un par de meses...-

Es la fecha de la melancolía por el verano que se apaga, y de los contrastes. Como el de mi tono blanco-transparente de estudiante jodida con el bronceado-luminoso de pija despreocupada a la vuelta a la facultad. O la indiferencia de los también melancólicos obreros hacia los chubasqueros, que sin embargo semanas atrás me gritaban sus -niñaaa, qué alegria de veranooo- porque no hay nada como enseñar un poquillo de muslo o pechuga para que la tengan en cuenta a una.


Lo mejor es que se acabaron muchísimas complicaciones. Como las verguenzas en el mercadona intentando camuflar mi parecido con Macario cuando bajaba a comprar de prisa y fresquita sin haberme pasado revista. Y sobretodo que deja de ser necesaria la búsqueda de estrategias para pasar desapercibida.

Y es que tras la primera prueba del biquini, y después de haber visto tantos anuncios de Kellogs special K, te das cuenta de que no eres como las demás y buscas algún plan de acción rápido y efectivo para encajar. El mío fue espiar en el mercadona a las buenorras para robarles sus secretos. Calabacín en carro las seguía por todo el súper hasta que la sección de barritas dietéticas me dió la clave, y un bronceador sin sol "que es el mejor aliado para los primeros días del verano, tía, y de Dove, para mujeres naturales como nosotras, tía".

Una vez en casa, despues de depilarme hasta el entresuelo, con cera hasta en las orejas, ya pensaba que la cosa quiza era más fácil de lo que pensaba. Lo malo fue al día siguiente, que me desperté con pinta de zanahoria sucia y un dolor de barriga que no veas de las catorce barritas que tuve que zamparme pa quitarme un poco el hambre.

Muy idealista como siempre, pensé...

-Bueno, ya está, mejor me voy a la playa, que es más sano, y encima puedo meditar sobre este arrebato superficial que me ha entrado observando el mar-

En el autobús, el olor a humanidad del añorado verano casi me hace desistir. Para colmo, al llegar a la playa comprobé que todo se complicaba. Tenía que buscar un buen sitio, que en resumidas cuentas se reducía a que no hubiera hombres jóvenes alrededor, y a ser posible tampoco mujeres. Los viejetes son mucho más agradecidos, dónde va a parar. Ya a estas alturas de la vida se conforman con mirar cualquier cosa, y porque una tenga un trasero exuberante no van a menospreciarte, si acaso pensarán que estás mejor alimentada.

Así que pensé poner mi toalla junto a un grupo de alegres ancianos, de los que uno, con una amabilidad pasmosa, me dedicó unas cariñosas palabras de bienvenida cuando me decidí a plantar la sombrilla a su lado:

-¡¡Estás rellenaaa, niñaaa!!-
-Joderrrrr, ¡¿tan dificil es pertenecer a este mundo?!-

Recogí mis cosas mosqueada con el puto viejo, pensando en cómo podría ponerme rápido suficientemente buena, y en el trabajito que cuesta implicarse en el arduo juego de las relaciones sociales y los días de playa. Por fin divisé mi sitio a lo lejos: una chica que parecía una ballena moribunda allí espatarrada me haría parecer Claudia Schiffer a su lado y sentirme como Rachel Welch saliendo del agua.

De vuelta a casa, con la piel chamuscada, el pelo tieso y el ánimo otra vez por el suelo, ideé un plan para sobrevivir al verano. No podía redimirme a las imposiciones de la moda ni a los cánones de belleza vigentes. La solución estaba dentro de mí, sin duda: tendría que pillarle el sitio a la gorda si quería ser una chica morenita y favorecida, y comer solo barritas desas. O esperar pacientemente a que llegara Septiembre...

Septiembre...siempre me gustó este mes.